Comida para caracoles y la Constitución, deditos y colores, agradecer un premio y la genealogía, Balbina boca arriba... así nos vamos moviendo. De un lado a otro, boca arriba y dándonos la vuelta. Jugamos juntos. Probamos cosas. Hoy la sesión podría resumirse en esta lista:
Viajar en mapas
La fantasma sistemática
Toda una vida. El musical.
Agendas.
A todo color.
El premio es vivir.
martes, 23 de septiembre de 2014
lunes, 22 de septiembre de 2014
un comienzo
En estos primeros días del otoño, para llegar a Primera Toma Coach recorreré a pie el trayecto, un camino de media hora, que separa mi casa del local. Me encanta. Voy a paso ligero, a veces apenas atenta al entorno, a veces descubriendo las sorpresas que la ciudad depara a los que miran. Hoy no vi nada. Estaba pensando en la clase: haré esto, empezaré así, si esto no funciona lo sustituyo con esto otro, no se me puede olvidar decir esto... Porque hoy era el primer día y como en todas las primeras veces hubo nervios, excitación y mucha alegría, esto último cortesía del grupo estupendo que ha decidido arriesgarse conmigo en el experimento. En uno de los juegos que hicimos descubrí una definición del verano que me ha encantado. Ahí va:
El verano es una casa grande y luminosa para varias generaciones, con una higuera que da sombra y muchos niños que juegan, juegan, juegan...
Mañana, más.
El verano es una casa grande y luminosa para varias generaciones, con una higuera que da sombra y muchos niños que juegan, juegan, juegan...
Mañana, más.
domingo, 21 de septiembre de 2014
De cine y teatro
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Mi gran obra |
En "Boyhood", Richard Linklater deja que el tiempo transcurra, doce años, sobre actores y personajes, y rueda una historia sobre el transcurrir de la vida en los momentos que son puro inicio. Vamos conociendo a los personajes y sintiendo la mano del tiempo. El sentido aparece por acumulación de instantes, todo se va volviendo poco a poco más denso y entonces aparece el relámpago: Percibimos en un instante algo de sentido, que luego se escurre, como pasa en la vida.
Esta es la tercera vez que "Mi gran obra", de David Espinosa, llega a Madrid y por fin he podido verla. La espera ha valido la pena. ¡Cuánta belleza! Una pieza sugerente, llena de poesía, en la que la acumulación de imágenes (sí, otra vez la acumulación), lo nuevo que entra en escena, produce sentido, dando dinamismo y teatralidad a la propuesta de juego. Un trabajo delicado, exigente y rico, que apetece ver otra vez, nada más acabar. El principio y el final, deslumbrantes.
Acaba bien el verano, empieza bien el otoño.
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