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viernes, 20 de mayo de 2011

Buscando alivio

Hago caso a Robert Burton, que recomienda en su Anatomía de la melancolía para cuidar de la salud del cuerpo y del espíritu que "no os entreguéis a la soledad y a la ociosidad". Y como en un bucle, haciendo caso de un libro, lo encuentro. Buscaba yo, aquejada en cierto modo de una manía, esta Anatomía de la melancolía. Decidí pasear todos los días un rato. Voy a una biblioteca con la esperanza de encontrar el libro: encontré el tercer volumen, que habla de la melancolía amorosa. Lo leo hojeando, sin orden, jugando con él. Leo la recomendación y sigo paseando. Todos los días un rato.
Y encuentro el primer volumen.

Hay una librería en Zaragoza que recomiendo a todos los amantes de los libros: la librería Antígona, en la calle Pedro Cerbuna, 25. Me produce inmenso placer entrar en ese laberinto de libros y perderme en él. La recomiendo como alivio para melancólicos. Y doy gracias a Marian, la amiga que me condujo a ella. Gracias a esta presentación puedo dedicarme a una navegación que disfruto: navego feliz y despreocupada en un mar de libros. Que también mar, y hasta océano, con sus olas y todo, es esta librería.

jueves, 19 de mayo de 2011

Medicina fluvial

 

En un paseo por la Pedriza encontré este pequeño torrente. El río Manzanares nace por ahí. Caminaba atenta al rumor del agua. Iba a la caza de rumores. El paisaje estaba lleno de murmullos. Encontré varias corrientes de agua pequeñas. He grabado el sonido y la imagen de rinconcitos, tramos breves, dosis que iré colgando poco a poco. Espero que sean un buen remedio contra la melancolía. Debería, creo, añadirse a la potamología (el estudio de las aguas fluviales) el estudio de las cualidades terapeúticas del sonido del agua.  Imagino a doctores especialistas en fluvioterapia recetando tramos concretos de algunos ríos de acuerdo a la intensidad del mal. Propongo este ejemplo:
Nacimiento del río Manzanares.
Medicamento de uso externo.
Tratamiento sintomático de la melancolía de intesidad leve o moderada.
Posología recomendada: Administrar una dosis en cuanto se sientan los primeros síntomas.
Para casos extremos se recomienda un paseo matutino y otro vespertino cerca de una corriente de agua murmuradora. Se escuchará el tiempo que se considere necesario hasta notar un cambio de humor en el melancólico, por leve que sea.
No se han descrito efectos adversos.

Si el vídeo no se visualiza correctamente, prueba con el siguiente enlace http://vimeo.com/23876382 

martes, 17 de mayo de 2011

Contra la melacolía. Algunas consultas

Sábado, 14 de mayo. En su Jardín de flores curiosas cuenta Antonio de Torquemada que cerca de un río que se llama Citeros había una fuente en la cual vivían cuatro ninfas, y que todos los enfermos que se lavaban y bañaban en ella salían sanos fuese de la enfermedad que fuese. Y digo yo que la melancolía también curaría. Plinio el Viejo dice en su Historia Natural que el estiércol de becerro cocido en vino es remedio para los melancólicos; y que el castóreo, mezclado con amoniaco (poco, menos mal) desliado en vinagre mulso caliente "se da a bever utilísimamente a los suspiriosos, en ayunas." (¿Qué será el vinagre mulso?) Encuentro en un texto que firma Eduardo Stilman para la Revista de la Federación Argentina de Cardiología que Victor Hugo dijo que “melancolía es la felicidad de estar triste”, e Italo Calvino que es “tristeza que se ha vuelto luminosa”. Busco en este día lluvioso de mayo, con cierta desesperación maníaca, la Anatomía de la melancolía de Robert Burton. Un libro con un título hermosísimo, e imposible de encontrar íntegro en castellano.
Mañana me daré un paseo buscando rumores de río.

sábado, 14 de mayo de 2011

Remedio contra melancólicos

Entré en El Libredón, el videoblog de Soledad Felloza, narradoral oral y actriz, siguiendo la recomendación de Pep Bruno, narrador oral, escritor, editor. (Os recomiendo su blog Por los caminos de la tierra oral ) Así me enteré de que El Libredón es un bosque. Os invito a entrar en el Libredón de Sole y pasear por él de su mano. Caminaréis entre bellísimos álbumes ilustrados. Y si os encontráis por casualidad un remolino de agua o un rincón secreto, acercaos (dad al play) y escuchad. Yo lo hice. Sonreí y recordé a Cunqueiro, que en Tertulia de boticas y escuela de curanderos dice que la contemplación de un curso de agua es "medicina contra los vértigos de la melancolía que perturban los sentidos". Menciona también don Álvaro a un tal doctor Laurentius que recetaba tramos de ríos y tenía en su jardín un sistema fluvial que vendió a diferentes médicos, destacándose en el uso de la farmacopea fluvial contra la melancolía el doctor Muir. Este descubrió que bastaba el sonido del agua para curar melancólicos y reclutó imitadores de corrientes de agua a los que llamó "rumores". Los rumores se depachaban a casa de los enfermos bajo receta. Un enano sobresalió entre los rumores porque podía "decir" todos los tramos del río Trent desde su nacimiento hasta su desembocadura, y era recetado en casos deseperados. En el siglo XIX se perdió esta ciencia. Pienso yo que el blog de Sole puede ayudar quizá, si no a recuperar la ciencia, sí a melancólicos de este siglo que quizá paseen menos por los bosques de árboles que por los de internet. ¿Y si todos colgáramos un tramo de río? ¿Serviría de algo contra la melancolía de estos tiempos? Yo voy a intentarlo. Espero colgar en breve un tramo del Manzanares. Es el río que tengo más cerca.

(La imagen del Manzanares está extraída de una página del Ayuntamiento de Madrid. )

miércoles, 9 de marzo de 2011

Penumbra, de Animalario

El teatro es, en algunas ocasiones, una forma de indagar. Una forma de acercarse. Penumbra de Juan Mayorga y Juan Cavestany se acerca a lugares interiores. Corrientes subterráneas. O submarinas. Corrientes donde se mecen cataclismos, de esos que se sofocan pero siguen creciendo hasta que un día lo anegan todo. El espacio es un naufragio. El esqueleto de una casa. No sólo para poder ver lo que pasa dentro, sino porque un esqueleto cuenta. Raíz. Lugar al que se aferra nuestra carne. El esqueleto de la casa al que se aferran sueños y pesadillas. Pero también, lugar despojado, descarnado.
Sueño y pesadilla. Infancia. Miedos. Dolor. Corrientes subterráneas. Personajes buzos en el mundo de sus sueños. Penumbra.
Dice María Moliner “Sitio, hora o situación en la que casi no hay luz”. Arrojar luz sobre una zona de penumbra. Eso hacen los actores (Alberto San Juan, Nathalie Poza, Luis Bermejo, Guillerm Toledo), Andrés Lima, los autores. O más bien, asomarse, mirar, acercarse. Como al brocal de un pozo. Con peligro de caer.
Miedo de los bichos que se mueven en la oscuridad. Todos esos hormigueos, crujidos y susurros. Nuestros miedos, nuestros sueños, bichos de la oscuridad que vemos en Penumbra. Que es también la zona desde la cual se ven los eclipses parciales, un lugar desde donde ver la luz y la oscuridad, lo que ilumina y la sombra.


Después de ver la obra, hay imágenes, voces, palabras, que se agarran a ti con la fuerza obsesiva de algunos sueños. A lo mejor Penumbra es la orilla a donde van a parar, arrastrados por las olas, restos del naufragio que a veces somos todos.

jueves, 27 de enero de 2011

Belleza




Hans Christian, debes ser un ángel.
En la edición de Teatralia de 2009 pude asistir a esta instalación teatral del grupo danés Teatret Gruppe 38. Una celebración imaginativa y poética en la que los objetos cuentan los cuentos de Andersen. Un espectáculo lleno de misterio, deslumbrante, hermoso. Este vídeo me recuerda la belleza que ví.
Has Christian, debes ser un ángel

martes, 18 de enero de 2011

Acercarse

Dice Berger en “Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos” que los cuadros de Van Gogh no esperan recibir, sino que salen al encuentro. Que el pintor se había impuesto estar cada vez más cerca de la realidad y sus pinturas son una invitación a acercarse.  
“Una pintura tras otra son un modo de decir, asombrado, pero con cierto desasosiego: ¡atrévete a acercarte hasta aquí!”
Ver un cuadro de Van Gogh es, a menudo, sumergirte. Sentir la sombra, la palpitación y hasta la temperatura en el “Sotobosque”; estar contenta y protegida en el mundo ordenado de una habitación en “La habitación de Van Gogh en Arles” o caminar tranquila bordeando la iglesia de Auvers, un edificio sin aristas que acoge no sólo tu mirada, sino que te recibe entera, amorosamente en “La iglesia de Auvers-sur-Oise”. Lo que yo siento frente a Van Gogh, más que frente a ningún otro pintor, es algo que se parece a la entrega amorosa. Siento que él ama al mundo. Su amor es enorme, me sobrecoge. Y desde ese lugar amoroso me pide que sus pinturas sean contempladas. Van Gogh me dice “Mira esto, ¿no es hermoso? Por favor, quiérelo.”
¿Qué es lo que hace a alguien pintar? ¿O escribir? ¿O hacer teatro? ¿O danzar? ¿Qué hay tras esos gestos? La expresión de una emoción, una necesidad de posesión, dar sentido… Berger me da una respuesta. Él habla de encuentro y colaboración. Dice que la pintura es un encuentro entre el pintor y el modelo, que surge del impulso de ir al encuentro. Es, otra vez, acercarse. Berger más adelante escribe que “El amor quiere acortar toda distancia”. Acercarse, acercarse, acercarse.
Entro en el “Sotobosque” de Van Gogh, donde dos árboles se besan. Voy al encuentro. Allí me imagino de la mano de quien amo, sonriente, tranquila. La pintura me recuerda que la felicidad es posible. No promete nada. Me acoge, me invita y me pide, me implora, que lo intente. La pintura me cuenta que, aunque sea por un momento, se puede estar allí.