Estoy luchando contra el pulgón de mi rosal. Es, ya sé, algo trivial, sobre lo que quizá no valga la pena hablar. Pero tienes una rosa, o un rosal, y contraes obligaciones con ella. Y te encuentras hablando con quien se te ponga delante de jardinería. "El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante" le dice el zorro al Principito. Así que espero que podáis comprenderme. Tengo mi rosal enfermo y no me da sus aromáticas flores, está en silencio, contraído. No me habla en su idioma perfumado. No es laberinto ni misterio ni regalo ni embriaguez. Es solo un rosal enfermo que precisa mis cuidados.
Me pregunto por qué la rosa. Por qué ella entre las flores acumula tantos significados, tantos versos. Es perfección, mandala, grial, regeneración, amor, corazón, herida, jardín de Eros. Rosa de los alquimistas, de los místicos, de los poetas. Rosa azul, símbolo de lo imposible.
Pienso además en mis vacaciones, quiero ir al mar, y me digo que tendré que dejar a alguien cuidando el rosal enfermo, regando mis plantas. Me viene absurdamente a la memoria traído tanto por los antipáticos pulgones de mi rosal como por mis vacaciones junto al mar, un fragmento de Plinio el Viejo:
"Y tanto es verdad que no hay cosa de que carezca la mar, que se crían en él hasta pulgas y piojos, y se sacan muchas vezes arrebueltos al cevo. Y éstos se cree desasosegan por las noches en la mar el sueño de los pescados."
Así, pienso en mis rosas y en peces de sueño desasosegado. Pensamientos de verano que refrescan y ocupan estos días de calor ardiente en la ciudad.
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miércoles, 29 de junio de 2011
martes, 17 de mayo de 2011
Contra la melacolía. Algunas consultas
Sábado, 14 de mayo. En su Jardín de flores curiosas cuenta Antonio de Torquemada que cerca de un río que se llama Citeros había una fuente en la cual vivían cuatro ninfas, y que todos los enfermos que se lavaban y bañaban en ella salían sanos fuese de la enfermedad que fuese. Y digo yo que la melancolía también curaría. Plinio el Viejo dice en su Historia Natural que el estiércol de becerro cocido en vino es remedio para los melancólicos; y que el castóreo, mezclado con amoniaco (poco, menos mal) desliado en vinagre mulso caliente "se da a bever utilísimamente a los suspiriosos, en ayunas." (¿Qué será el vinagre mulso?) Encuentro en un texto que firma Eduardo Stilman para la Revista de la Federación Argentina de Cardiología que Victor Hugo dijo que “melancolía es la felicidad de estar triste”, e Italo Calvino que es “tristeza que se ha vuelto luminosa”. Busco en este día lluvioso de mayo, con cierta desesperación maníaca, la Anatomía de la melancolía de Robert Burton. Un libro con un título hermosísimo, e imposible de encontrar íntegro en castellano.
Mañana me daré un paseo buscando rumores de río.
Mañana me daré un paseo buscando rumores de río.
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