Dice don Álvaro Cunqueiro que entre los kembe-bezé, "un corte de pelo o un afeitado correcto, curaba determinada enfermedad". No sé si habrá algún peluquero o peluquera sabios en esto que tal vez podríamos llamar piloterapia, pero ir a la peluquería, (siempre y cuando el corte de pelo favorezca) yo lo atestiguo, es un remedio probado contra la astenia primaveral.
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lunes, 21 de abril de 2014
rumor de río
Retomo la fluvioterapia y, en esta ocasión, cuelgo en mi botica particular de tramos de ríos, este breve rumor de un reguero del Páramo, a la entrada del Parque de la Prehistoria de Teverga. Si los rumores de río no te curan la melancolía que produce a veces el impredecible abril, siempre quedará la posibilidad de ir a la peluquería.
Dice don Álvaro Cunqueiro que entre los kembe-bezé, "un corte de pelo o un afeitado correcto, curaba determinada enfermedad". No sé si habrá algún peluquero o peluquera sabios en esto que tal vez podríamos llamar piloterapia, pero ir a la peluquería, (siempre y cuando el corte de pelo favorezca) yo lo atestiguo, es un remedio probado contra la astenia primaveral.
Dice don Álvaro Cunqueiro que entre los kembe-bezé, "un corte de pelo o un afeitado correcto, curaba determinada enfermedad". No sé si habrá algún peluquero o peluquera sabios en esto que tal vez podríamos llamar piloterapia, pero ir a la peluquería, (siempre y cuando el corte de pelo favorezca) yo lo atestiguo, es un remedio probado contra la astenia primaveral.
viernes, 18 de mayo de 2012
rumor de mar
Aquí dejo un pedacito de rumor Atlántico. Paseaba yo hace dos días por Arinaga, en Gran Canaria, y decidí llevarme conmigo un poquito de mar para intentar paliar en Madrid su ausencia. Porque no soy piloto del Califa tuve que usar una memoria electrónica.
Caminar con el océano al lado es un enorme placer. Se llenan los ojos de horizonte y de azules. ¿Cuántos azules cabrán en el mar?
jueves, 1 de septiembre de 2011
Viajar
Nos encontramos a Josefa triste porque ya se acaban el buen tiempo y las vacaciones. El Buraquiño, su restaurante, está a la orilla de una carretera no muy transitada en la península del Morrazo. Le comento que se aburrirá en invierno. Y me contesta que aburrirse no, que con las labores de la finca no tiene tiempo de aburrirse. Tienen vides. La conversación se interrumpe y entonces me doy cuenta de que su tristeza, esa cara de otoño que se le ha puesto, como dice Cristina, tiene que ver con la gente. Con su ausencia. Se van los que vienen de fuera, sus caras y sus noticias. Y sí, necesitamos eso también, noticias de fuera, caras que nos cuenten de otros mundos diferentes de ese al que pertenecemos. Lo que le trae a Josefa el verano no son solo clientes, sino caras e historias. Viaje.
El verano es una buena estación para viajar, invita. Y hay muchas maneras de moverse. Decía Henry Miller que viajar sin moverse del sitio es la mejor manera de hacerlo. La manera de Josefa, por ejemplo. A mí me ayudan los libros. Este verano, dos me han hecho viajar, me han traído noticias de fuera: "Crónicas del sochantre" de Álvaro Cunqueiro y "Aquí nos vemos" de John Berger. Cunqueiro y Berger me encantan, me seducen. En esta ocasión, por una de esas casualidades que tiene a veces la vida, los dos me ofrecen como cicerones a muertos. Ahora que lo pienso ¿qué mejores guías podríamos desear? En ambos libros han sido cicerones divertidos y tiernos que me han mostrado mundos ajenos, lejanos. Y que seguían teniendo esa necesidad que tenemos los vivos de contar historias, su historia, de hablar acerca de la vida. Quizá ellos más aun que nosotros, pues lo único que les queda es precisamente eso: su historia. ¿Tendrán los muertos un restaurante como el Buraquiño donde alguien tenga la cortesía de darles conversación y escucharles? ¿Pasará por la orilla del camino donde esté el restaurante la carroza donde iba madame Clarina de Saint-Vaas? ¿Ken y el verdugo de Nancy tendrían algo de qué hablar?
El verano es una buena estación para viajar, invita. Y hay muchas maneras de moverse. Decía Henry Miller que viajar sin moverse del sitio es la mejor manera de hacerlo. La manera de Josefa, por ejemplo. A mí me ayudan los libros. Este verano, dos me han hecho viajar, me han traído noticias de fuera: "Crónicas del sochantre" de Álvaro Cunqueiro y "Aquí nos vemos" de John Berger. Cunqueiro y Berger me encantan, me seducen. En esta ocasión, por una de esas casualidades que tiene a veces la vida, los dos me ofrecen como cicerones a muertos. Ahora que lo pienso ¿qué mejores guías podríamos desear? En ambos libros han sido cicerones divertidos y tiernos que me han mostrado mundos ajenos, lejanos. Y que seguían teniendo esa necesidad que tenemos los vivos de contar historias, su historia, de hablar acerca de la vida. Quizá ellos más aun que nosotros, pues lo único que les queda es precisamente eso: su historia. ¿Tendrán los muertos un restaurante como el Buraquiño donde alguien tenga la cortesía de darles conversación y escucharles? ¿Pasará por la orilla del camino donde esté el restaurante la carroza donde iba madame Clarina de Saint-Vaas? ¿Ken y el verdugo de Nancy tendrían algo de qué hablar?
sábado, 14 de mayo de 2011
Remedio contra melancólicos
Entré en El Libredón, el videoblog de Soledad Felloza, narradoral oral y actriz, siguiendo la recomendación de Pep Bruno, narrador oral, escritor, editor. (Os recomiendo su blog Por los caminos de la tierra oral ) Así me enteré de que El Libredón es un bosque. Os invito a entrar en el Libredón de Sole y pasear por él de su mano. Caminaréis entre bellísimos álbumes ilustrados. Y si os encontráis por casualidad un remolino de agua o un rincón secreto, acercaos (dad al play) y escuchad. Yo lo hice. Sonreí y recordé a Cunqueiro, que en Tertulia de boticas y escuela de curanderos dice que la contemplación de un curso de agua es "medicina contra los vértigos de la melancolía que perturban los sentidos". Menciona también don Álvaro a un tal doctor Laurentius que recetaba tramos de ríos y tenía en su jardín un sistema fluvial que vendió a diferentes médicos, destacándose en el uso de la farmacopea fluvial contra la melancolía el doctor Muir. Este descubrió que bastaba el sonido del agua para curar melancólicos y reclutó imitadores de corrientes de agua a los que llamó "rumores". Los rumores se depachaban a casa de los enfermos bajo receta. Un enano sobresalió entre los rumores porque podía "decir" todos los tramos del río Trent desde su nacimiento hasta su desembocadura, y era recetado en casos deseperados. En el siglo XIX se perdió esta ciencia. Pienso yo que el blog de Sole puede ayudar quizá, si no a recuperar la ciencia, sí a melancólicos de este siglo que quizá paseen menos por los bosques de árboles que por los de internet. ¿Y si todos colgáramos un tramo de río? ¿Serviría de algo contra la melancolía de estos tiempos? Yo voy a intentarlo. Espero colgar en breve un tramo del Manzanares. Es el río que tengo más cerca.
(La imagen del Manzanares está extraída de una página del Ayuntamiento de Madrid. )
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