y si alguien lee estas líneas y puede ir a verla, ¡que vaya! ¡ve al teatro! no te pierdas el trabajo excepcional del reparto, la alegría y el deleite de ver una historia que te atañe y reconforta. la obra estará en Madrid hasta el 4 de abril y luego girará por Santiago de Compostela, Sevilla, Valencia, Barcelona y Pamplona.
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lunes, 15 de marzo de 2021
El bar que se tragó a todos los españoles
desde que vi El bar que se tragó a todos los españoles estoy queriendo escribir sobre lo que vi, escuché, sentí. no me sale. y no porque no la haya disfrutado, todo lo contrario. el placer fue enorme. pero se me escapa para analizarla. no sé por qué. lo que sí sucede frecuentemente es que me vengan las palabras del final y que ellas me acompañen o me hagan pensar. les doy vueltas. conversan conmigo cuando leo algunos libros, veo algunas películas, cuando pienso en algunas personas, cuando recuerdo. se me han quedado dentro. ellas y una certeza que tiene que ver con la pasión de vivir que desborda la obra: vivir es una aventura, a ratos, maravillosa.
domingo, 21 de septiembre de 2014
De cine y teatro
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| Mi gran obra |
En "Boyhood", Richard Linklater deja que el tiempo transcurra, doce años, sobre actores y personajes, y rueda una historia sobre el transcurrir de la vida en los momentos que son puro inicio. Vamos conociendo a los personajes y sintiendo la mano del tiempo. El sentido aparece por acumulación de instantes, todo se va volviendo poco a poco más denso y entonces aparece el relámpago: Percibimos en un instante algo de sentido, que luego se escurre, como pasa en la vida.
Esta es la tercera vez que "Mi gran obra", de David Espinosa, llega a Madrid y por fin he podido verla. La espera ha valido la pena. ¡Cuánta belleza! Una pieza sugerente, llena de poesía, en la que la acumulación de imágenes (sí, otra vez la acumulación), lo nuevo que entra en escena, produce sentido, dando dinamismo y teatralidad a la propuesta de juego. Un trabajo delicado, exigente y rico, que apetece ver otra vez, nada más acabar. El principio y el final, deslumbrantes.
Acaba bien el verano, empieza bien el otoño.
lunes, 30 de junio de 2014
Una mirada diferente
Este fin de semana acabó "Una mirada diferente". Por segundo año he disfrutado de espectáculos estimulantes, que me han hecho pensar, me han emocionado y me han hecho ver el mundo como un lugar más grande, más hermoso, más complejo de lo que soy capaz de ver sola.
Hablando por teléfono de esto y de aquello, en la conversación aparece Diane Arbus. Acudo a la biografía de ella escrita por Patricia Bosworth (editada magníficamente por Lumen) y encuentro que Arbus leyó Ingleses excéntricos de Edith Sitwell, que pensaba que la contemplación de excéntricos era una cura para la melancolía. Quizá haya algo de eso en la seducción que sobre mí ejercen los trabajos que he visto en "Una mirada diferente". Pero sobre todo, lo que encuentro es una invitación.
Libertad, alegría, misterio. Lo inquietante, lo desconocido, lo orgiástico. Vértigos extraños, mundos en los que abismarse. Antes del festival no hubiera usado estas palabras para hablar de las discapacidades, ahora sí. Ahora he recibido una invitación que debo aceptar o rehusar. "Una mirada diferente" abre una puerta (tal vez más de una) y yo, simplemente, quiero saber qué hay al otro lado.
Hablando por teléfono de esto y de aquello, en la conversación aparece Diane Arbus. Acudo a la biografía de ella escrita por Patricia Bosworth (editada magníficamente por Lumen) y encuentro que Arbus leyó Ingleses excéntricos de Edith Sitwell, que pensaba que la contemplación de excéntricos era una cura para la melancolía. Quizá haya algo de eso en la seducción que sobre mí ejercen los trabajos que he visto en "Una mirada diferente". Pero sobre todo, lo que encuentro es una invitación.
Libertad, alegría, misterio. Lo inquietante, lo desconocido, lo orgiástico. Vértigos extraños, mundos en los que abismarse. Antes del festival no hubiera usado estas palabras para hablar de las discapacidades, ahora sí. Ahora he recibido una invitación que debo aceptar o rehusar. "Una mirada diferente" abre una puerta (tal vez más de una) y yo, simplemente, quiero saber qué hay al otro lado.
lunes, 23 de junio de 2014
The freak and the show girl
Ayer disfruté de una función que rompe tópicos, de la que me resulta difícil hablar salvo para contar la alegría enorme con la que salí del teatro, el maravilloso ejercicio de libertad que es. El escenario de la sala Francisco Nieva fue ayer un lugar de libertad, de juego, de transgresión. "Vais a sentir incomodidad", nos dijeron, y sí. Pero también sentimos más cosas. "The freak and the show girl" es un espectáculo luminoso en un festival luminoso también. Gracias a Una mirada diferente, un festival sorprendente y necesario, sale una del teatro sabiendo que el mundo es un lugar más bello y grande de lo que a ratos parece. ¡Come to the cabaret!
miércoles, 28 de mayo de 2014
El triángulo azul. Constelaciones.
La semana pasada vi dos obras de teatro. Ambas me fascinaron. La primera, El triángulo azul de Laila Ripoll y Mariano Llorente ya no está en cartel, la segunda Constelaciones de Nick Payne, sigue en Kubik Fabrik hasta el 31 de mayo.
Salí de El triángulo azul conmovida, supe que me habían contado una historia importante que era necesario contar. En Constelaciones asistí al soberbio trabajo de interpretación de Inma Cuesta. Narrativas y poéticas diferentes, producciones de diferente tamaño, en ambos casos, simplemente, teatro. Y cuando el teatro funciona, cuando es, sucede lo que me sucedió a mi: las historias quedan dentro, desde ahora forman parte de eso que llamo yo.
En estos días pienso bastante en la utilidad o inutilidad del arte. Nunca me ha molestado su inutilidad. La vida está llena de maravillas que no son útiles sin las cuales, sin embargo, no vale la pena vivir. ¿Para qué vivir si no se es capaz de reír, disfrutar de la belleza de las nubes, o gozar con el espectáculo cada día renovado del movimiento de la gente en la ciudad? Digo esto y podría decir cualquier otra cosa: hoy, avanzan hacia mi ventana las nubes y en un paseo mañanero me ha sorprendido la ciudad. Pero en El triángulo azul hay más que el misterio de la necesidad de lo inútil: el arte se revela como una forma de conocimiento. Sé que tardaré un tiempo en poner en su sitio todo lo que removió la obra, pero sé también que no volveré a mirar del mismo modo algunas cosas.
Inma Cuevas atrapa mi atención como si tuviera un imán, yo la sigo, sigo lo que me cuentan a través de ella, de su personaje. Me conmuevo con ella y entro en un mundo ajeno, que sin embargo, me acompaña. Cuando salgo de ver Constelaciones estoy menos sola ante el miedo y las adversidades.
Mucho más de lo que pensamos, aprendemos y vivimos imitando. Recomiendo lo que me gusta por eso. Querría algunas veces que todo el mundo viera maravillas que yo he visto: para imitar lo mejor que hay en el ser humano.
Salí de El triángulo azul conmovida, supe que me habían contado una historia importante que era necesario contar. En Constelaciones asistí al soberbio trabajo de interpretación de Inma Cuesta. Narrativas y poéticas diferentes, producciones de diferente tamaño, en ambos casos, simplemente, teatro. Y cuando el teatro funciona, cuando es, sucede lo que me sucedió a mi: las historias quedan dentro, desde ahora forman parte de eso que llamo yo.
En estos días pienso bastante en la utilidad o inutilidad del arte. Nunca me ha molestado su inutilidad. La vida está llena de maravillas que no son útiles sin las cuales, sin embargo, no vale la pena vivir. ¿Para qué vivir si no se es capaz de reír, disfrutar de la belleza de las nubes, o gozar con el espectáculo cada día renovado del movimiento de la gente en la ciudad? Digo esto y podría decir cualquier otra cosa: hoy, avanzan hacia mi ventana las nubes y en un paseo mañanero me ha sorprendido la ciudad. Pero en El triángulo azul hay más que el misterio de la necesidad de lo inútil: el arte se revela como una forma de conocimiento. Sé que tardaré un tiempo en poner en su sitio todo lo que removió la obra, pero sé también que no volveré a mirar del mismo modo algunas cosas.
Inma Cuevas atrapa mi atención como si tuviera un imán, yo la sigo, sigo lo que me cuentan a través de ella, de su personaje. Me conmuevo con ella y entro en un mundo ajeno, que sin embargo, me acompaña. Cuando salgo de ver Constelaciones estoy menos sola ante el miedo y las adversidades.
Mucho más de lo que pensamos, aprendemos y vivimos imitando. Recomiendo lo que me gusta por eso. Querría algunas veces que todo el mundo viera maravillas que yo he visto: para imitar lo mejor que hay en el ser humano.
sábado, 29 de marzo de 2014
en la semana
LUNES 24: Visita al museo del Prado. El asombro es la emoción más fuerte. De entre todo lo que veo, las intervenciones de Miguel Ángel Blanco en su proyecto Historias Naturales son lo que más sorpresa me produce. Son lo inesperado. A partir de un momento, entro en las salas buscando con qué obra, de qué manera ha realizado esta vez el diálogo. Alas, Una laguna de azurita, Bosques negros, Alicornios o Los rayos de Júpiter, me encantan, sonrío, disfruto el juego. Gracias a las intervenciones de Miguel Ángel Blanco todo sabe a nuevo, hay una mirada que recorre la colección que me la muestra nueva, otra, y me devuelve el placer del descubrimiento. ¡Y puedo regresar si quiero! Es posible reencontrarme con el asombro hasta el 27 de abril.
MIÉRCOLES 26: En el CA2M estoy haciendo el curso Pero... ¿esto es arte? Del Prado al CA2M hay un mundo, un cambio de perspectiva total. ¿Cómo mirar? ¿Qué mirar? ¿Cuál es el juego al que me invitan? Patricia Esquivias y su reflexión artística y emocional en torno a la ciudad tiene, sin embargo, puntos de conexión con lo que viví el lunes. La reflexión política está presente: de Las Furias en el Prado a 111-119 Generalísimo/Castellana la capacidad política de la práctica artística se hace evidente. Pensar nuestro tiempo, pensar nuestro espacio, nuestros lugares, y hacer sabiendo que nada de lo que hagamos carece de significado político.
JUEVES 27: Día del Teatro. Voy al estreno de A MARTE CABARET. Disfruto con Ángel Ruiz como maestro de ceremonias de un viaje por un mundo marciano. La libertad y la transgresión del cabaret como género siempre me fascinan. En el cabaret se ve lo que habitualmente se oculta, lo que se considera feo o raro o incorrecto. ¡Viva la incorrección que nos libera! dice el género, y dice Ángel en su monólogo final. Pues eso, ¡que viva!
VIERNES 28: en la sala Pradillo, y dentro de Teatralia, Estamira, beira do mundo. Un trabajo excepcional: emocionante, catártico, hermoso. Dani Barros, la actriz, y Beatriz Sayad, la directora, nos conducen en un viaje poético e intenso hasta un vertedero, donde conocemos a Estamira. Y conocerla no te deja indemne. Un bellísimo espectáculo de teatro, vivo, poderoso, al que tuve la suerte de asistir. El resto del público, adolescentes, jóvenes de instituto (he ido al teatro temprano, a las 10:30 de la mañana, en Campaña Escolar) respira la obra y acompaña a Estamira, fascinado y entregado. Un regalo.
Este fin de semana, el último de marzo, no podré asistir a dos espectáculos de narración oral que prometen ser estupendos: Marissa Amado el sábado en Libertad,8 y Carolina Rueda el domingo en Sexto derecha. Pero si tú puedes, no deberías perdértelos.
MIÉRCOLES 26: En el CA2M estoy haciendo el curso Pero... ¿esto es arte? Del Prado al CA2M hay un mundo, un cambio de perspectiva total. ¿Cómo mirar? ¿Qué mirar? ¿Cuál es el juego al que me invitan? Patricia Esquivias y su reflexión artística y emocional en torno a la ciudad tiene, sin embargo, puntos de conexión con lo que viví el lunes. La reflexión política está presente: de Las Furias en el Prado a 111-119 Generalísimo/Castellana la capacidad política de la práctica artística se hace evidente. Pensar nuestro tiempo, pensar nuestro espacio, nuestros lugares, y hacer sabiendo que nada de lo que hagamos carece de significado político.
JUEVES 27: Día del Teatro. Voy al estreno de A MARTE CABARET. Disfruto con Ángel Ruiz como maestro de ceremonias de un viaje por un mundo marciano. La libertad y la transgresión del cabaret como género siempre me fascinan. En el cabaret se ve lo que habitualmente se oculta, lo que se considera feo o raro o incorrecto. ¡Viva la incorrección que nos libera! dice el género, y dice Ángel en su monólogo final. Pues eso, ¡que viva!
VIERNES 28: en la sala Pradillo, y dentro de Teatralia, Estamira, beira do mundo. Un trabajo excepcional: emocionante, catártico, hermoso. Dani Barros, la actriz, y Beatriz Sayad, la directora, nos conducen en un viaje poético e intenso hasta un vertedero, donde conocemos a Estamira. Y conocerla no te deja indemne. Un bellísimo espectáculo de teatro, vivo, poderoso, al que tuve la suerte de asistir. El resto del público, adolescentes, jóvenes de instituto (he ido al teatro temprano, a las 10:30 de la mañana, en Campaña Escolar) respira la obra y acompaña a Estamira, fascinado y entregado. Un regalo.
Este fin de semana, el último de marzo, no podré asistir a dos espectáculos de narración oral que prometen ser estupendos: Marissa Amado el sábado en Libertad,8 y Carolina Rueda el domingo en Sexto derecha. Pero si tú puedes, no deberías perdértelos.
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jueves, 30 de junio de 2011
Antígonas
De camino a casa, converso con un amigo acerca de Antígona, y recuerdo. Recuerdo a Steiner, que en Antígonas, un ensayo erudito y apasionado, cuenta que no hay obra de teatro que reuna en un solo enfrentamiento tantos conflictos: razón individual frente a razón de estado, mundo de los vivos frente a mundo de los muertos, hombre frente a mujer, joven frente a viejo, mundo de los dioses frente a mundo de los hombres. Es, realmente, una obra hermosa y, lo más impresionante, pertinente. Pasan los siglos y siguen las guerras. Antígona se vuelve pertinente en cada guerra. Se vuelve pertienente cada vez que un dictador borra cuerpos y nombres de vencidos, los desaparece. Se vuelve horrorosamente pertinente una y otra vez.
Recuerdo que de todas las versiones que he podido ver o leer, además de la original de Sófocles, que contiene esta bellísima afirmación "nací no para compartir con otros odio, sino para compartir amor"; es la del poeta peruano José Watanabe la que más me ha impresionado. He visto y leído la obra. Tras la representación del monólogo, a cargo de Teresa Ralli, de Yuyachkani, un grupo de teatro peruano de trabajo riguroso y espléndido, me quedé clavada en el asiento, muda, emocionada. Lo que Teresa Ralli, Miguel Rubio (director) y José Watanabe habían conseguido era que yo me sintiera aludida, interpelada, tocada, por la voz de la tragedia. Una voz que atraviesa el tiempo, me atraviesa, para hablarme del presente. Hace años que ví esa Antígona en la casa de Yuyachkani en Magdalena del Mar, Lima, y no la olvido.
Tomamos siempre partido. En la acción tanto como en la omisión. Dejar de hacer es tomar partido tanto como hacer. Conviene recordarlo de vez en cuando. Lo recuerdo estos días de compromiso en las calles.
(La imagen está tomada del Archivo virtual de Artes escénicas)
Recuerdo que de todas las versiones que he podido ver o leer, además de la original de Sófocles, que contiene esta bellísima afirmación "nací no para compartir con otros odio, sino para compartir amor"; es la del poeta peruano José Watanabe la que más me ha impresionado. He visto y leído la obra. Tras la representación del monólogo, a cargo de Teresa Ralli, de Yuyachkani, un grupo de teatro peruano de trabajo riguroso y espléndido, me quedé clavada en el asiento, muda, emocionada. Lo que Teresa Ralli, Miguel Rubio (director) y José Watanabe habían conseguido era que yo me sintiera aludida, interpelada, tocada, por la voz de la tragedia. Una voz que atraviesa el tiempo, me atraviesa, para hablarme del presente. Hace años que ví esa Antígona en la casa de Yuyachkani en Magdalena del Mar, Lima, y no la olvido.
Tomamos siempre partido. En la acción tanto como en la omisión. Dejar de hacer es tomar partido tanto como hacer. Conviene recordarlo de vez en cuando. Lo recuerdo estos días de compromiso en las calles.
(La imagen está tomada del Archivo virtual de Artes escénicas)
martes, 24 de mayo de 2011
El Falstaff de Andrés Lima
Me gustan las obras de teatro que me dejan dentro comezones. Me interesan las comezones. En estos meses, por una feliz casualidad, he estado leyendo a saltos a Montaigne. Un fragmento me ha hecho volver a Falstaff:
“Propongo una vida baja y sin esplendor, todo es igual. Podemos unir toda la filosofía moral tanto a una vida popular y privada como a una vida de más alta alcurnia; cada hombre encierra la forma entera de la condición humana.”
Esta última frase, “cada hombre encierra la forma entera de la condición humana”, bien podría firmarla un actor, una actriz.
El comentarista de la edición que leo de los Ensayos dice que, seguramente, Shakespeare leyó a Montaigne, y dice también que Harold Bloom considera que Montaigne, Sócrates y Falstaff son maestros. Maestros en el arte de vivir, de gozar plenamente de los placeres naturales, maestros en el arte de considerar que la vida está en todo aquello que nos dicen que no es, por cotidiano y rutinario, por fisiológico: comer, beber, dormir… (sin olvidar el sexo, claro).
Creo que Andrés Lima y Marc Rosich han puesto esto en juego al adaptar los textos de Shakespeare. Las escenas de taberna se alternan con las escenas de la corte, sin darle a esta última mayor relumbrón. Casi todos los actores doblan personajes, esto es, cada actor tiene un rol de taberna y otro de corte, y a medida que transcurre la obra, los personajes de la corte se van volviendo más mezquinos y la taberna se vuelve más y más seductora. Es en ella donde está, de verdad, la vida, donde están los placeres naturales de los que nos habla Montaigne:
“Cualquier cosa que tome con desagrado me perjudica, y no me perjudica nada de lo que tomo con hambre y alegría; jamás me hizo daño acto alguno que me resultara placentero.”
Creo que el gordo Falstaff estaría totalmente de acuerdo con lo anterior.
Dos personajes mueren en la función: Henry IV y Falstaff. Lloré con la muerte del segundo. Henry IV ha estado enfermo y agonizando toda la obra, si no físicamente, sí en el pensamiento y los actos de todos los que planeaban ocupar su trono. Y cuando muere, a rey muerto, rey puesto. El poder es así. Pero Falstaff es otra cosa. Él ha estado vivo, nos ha enamorado y es insustituible: no hay otro Falstaff que ocupe su lugar. La huida por el patio de butacas de Andrés Lima (el Rumor, intermediario entre la historia y el público, narrador que maneja los hilos) junto al personaje que ama, Falstaff (interpretado maravillosamente por Pedro Casablanc), no es sólo una manera de hacer que siga vivo, no es sólo una amorosa rebelión contra la muerte. El rey Henry V se queda sobre el escenario, pero Falstaff va hacia donde está la vida, hacia donde estamos nosotros. Lejos del poder (y sus traiciones). Falstaff vive entre nosotros, ojalá que en nosotros.
La memoria es algo fluido, no sé a estas alturas si alguna imagen que se me impone de la obra de teatro que quedó en mi memoria es una recreación o no. Se me aparece Raúl Arévalo cuando ha dejado de ser Hal (o Tito) para ser Henry, después de traicionar a Falstaff, solo en la torre/andamio que había a la izquierda. Solo, como nos imaginamos que se deben sentir los poderosos en algún momento. Nosotros, gracias a la obra ya sabemos el por qué: esa soledad es el precio que pagan por una traición (quizá inevitable, vaya usted a saber, a lo mejor allá arriba, en el andamio, no cabe Falstaff. Pero Hal no hizo la prueba).
¿Qué significa Falstaff? ¿Qué me cuenta? Me cuenta lo que somos cuando disfrutamos de la alegría de estar vivos. Eso es lo que traiciona Hal. El mundo de la taberna en el que unos personajes feos, sucios y adorables, interpretados con amor y talento por Carmen Machi, Ángel Ruiz, Rebeca Montero o Rulo Pardo nos muestran la vida con sus manchas y sus ternuras, mugrienta, alegre y real. ¡Cuánta razón tienes, Montaigne, cuando nos dices que “en el trono más elevado del mundo seguimos sentados sobre nuestras propias posaderas”!
“Puesto que corremos el riesgo de errar, arriesguémonos más bien a continuar con el placer” me dice don Michel. “¡A mí dadme la vida!” me grita Falstaff, que no quiere el honor de la muerte en el campo de batalla.
Y una no quiere olvidar ese grito alegre. Porque tiene tanta, tantísima razón…
miércoles, 9 de marzo de 2011
Penumbra, de Animalario
El teatro es, en algunas ocasiones, una forma de indagar. Una forma de acercarse. Penumbra de Juan Mayorga y Juan Cavestany se acerca a lugares interiores. Corrientes subterráneas. O submarinas. Corrientes donde se mecen cataclismos, de esos que se sofocan pero siguen creciendo hasta que un día lo anegan todo. El espacio es un naufragio. El esqueleto de una casa. No sólo para poder ver lo que pasa dentro, sino porque un esqueleto cuenta. Raíz. Lugar al que se aferra nuestra carne. El esqueleto de la casa al que se aferran sueños y pesadillas. Pero también, lugar despojado, descarnado.
Sueño y pesadilla. Infancia. Miedos. Dolor. Corrientes subterráneas. Personajes buzos en el mundo de sus sueños. Penumbra.
Dice María Moliner “Sitio, hora o situación en la que casi no hay luz”. Arrojar luz sobre una zona de penumbra. Eso hacen los actores (Alberto San Juan, Nathalie Poza, Luis Bermejo, Guillerm Toledo), Andrés Lima, los autores. O más bien, asomarse, mirar, acercarse. Como al brocal de un pozo. Con peligro de caer.
Miedo de los bichos que se mueven en la oscuridad. Todos esos hormigueos, crujidos y susurros. Nuestros miedos, nuestros sueños, bichos de la oscuridad que vemos en Penumbra. Que es también la zona desde la cual se ven los eclipses parciales, un lugar desde donde ver la luz y la oscuridad, lo que ilumina y la sombra.
Después de ver la obra, hay imágenes, voces, palabras, que se agarran a ti con la fuerza obsesiva de algunos sueños. A lo mejor Penumbra es la orilla a donde van a parar, arrastrados por las olas, restos del naufragio que a veces somos todos.
jueves, 27 de enero de 2011
Belleza
Hans Christian, debes ser un ángel.
En la edición de Teatralia de 2009 pude asistir a esta instalación teatral del grupo danés Teatret Gruppe 38. Una celebración imaginativa y poética en la que los objetos cuentan los cuentos de Andersen. Un espectáculo lleno de misterio, deslumbrante, hermoso. Este vídeo me recuerda la belleza que ví.
Has Christian, debes ser un ángel
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Deuda de amor
Placer. Placer que proporciona un trabajo de interpretación enorme, emocionante, rico. Cinco personajes, una actriz. Placer de ver: cada palabra tiene una imagen, veo lo que no hay. Placer para los ojos: la iluminación pinta, matiza, sugiere. Placer de escuchar: la narración tiene un ritmo e intensidad perfectos, la voz viaja emocionalmente y así, yo viajo con ella. Lo que se dice es bello y atroz. La música y los sonidos acompañan, provocan, evocan.
Entro en un espacio hermoso que es y no es una habitación real. Un lugar que es la habitación de la actriz y el lugar donde sucede el drama y un espacio imaginado. Veo y escucho lo que la actriz imagina en ese espacio, pero también lo que hace en él, lo que se proyecta allí que existe y no. El juego es entrar en un espacio de intimidad: el lugar donde ella juega, donde ella imagina. Su habitación. Su cabeza. Kafka decía que todos tenemos dentro una habitación y que eso se puede probar acústicamente
"Cuando alguien anda a paso ligero y se escucha con atención, de noche tal vez, cuando todo está en silencio, se oye por ejemplo el tintineo de un espejo mal afianzado en la pared."
Anoche entré en una habitación. Era la de Nuria Espert. En ella asistí a "La violación de Lucrecia" de Shakespeare. Un episodio más de la lucha entre el bien y el mal que combatían encarnizadamente allí dentro. Ví y sentí la violencia y el dolor. Cuando el teatro lleva a lugares así es experiencia vital. Tardaré tiempo en entenderlo y colocarlo. Pero desde ahora tengo una deuda de amor hacia Nuria Espert y Miguel del Arco, hacia todo el equipo: Juanjo Llorens, Sandra Vicente, Ikerne Jiménez... La deuda que, dice Steiner, generan las grandes obras de arte que se apoderan de nuestra imaginación, que "nos atraviesan como grandes ráfagas que abren las puertas de la percepción y arremeten contra la arquitectura de nuestras creencias con sus poderes transformadores. Tratamos de registrar sus embates y de adaptar la casa sacudida al nuevo orden. Cierto instinto primario de comunión nos impele a transmitir a otros la calidad y la fuerza de nuestra experiencia, y desearíamos convencerlos de que se abrieran a ella."
Eso es lo que intento cuando escribo estas líneas.
Entro en un espacio hermoso que es y no es una habitación real. Un lugar que es la habitación de la actriz y el lugar donde sucede el drama y un espacio imaginado. Veo y escucho lo que la actriz imagina en ese espacio, pero también lo que hace en él, lo que se proyecta allí que existe y no. El juego es entrar en un espacio de intimidad: el lugar donde ella juega, donde ella imagina. Su habitación. Su cabeza. Kafka decía que todos tenemos dentro una habitación y que eso se puede probar acústicamente
"Cuando alguien anda a paso ligero y se escucha con atención, de noche tal vez, cuando todo está en silencio, se oye por ejemplo el tintineo de un espejo mal afianzado en la pared."
Anoche entré en una habitación. Era la de Nuria Espert. En ella asistí a "La violación de Lucrecia" de Shakespeare. Un episodio más de la lucha entre el bien y el mal que combatían encarnizadamente allí dentro. Ví y sentí la violencia y el dolor. Cuando el teatro lleva a lugares así es experiencia vital. Tardaré tiempo en entenderlo y colocarlo. Pero desde ahora tengo una deuda de amor hacia Nuria Espert y Miguel del Arco, hacia todo el equipo: Juanjo Llorens, Sandra Vicente, Ikerne Jiménez... La deuda que, dice Steiner, generan las grandes obras de arte que se apoderan de nuestra imaginación, que "nos atraviesan como grandes ráfagas que abren las puertas de la percepción y arremeten contra la arquitectura de nuestras creencias con sus poderes transformadores. Tratamos de registrar sus embates y de adaptar la casa sacudida al nuevo orden. Cierto instinto primario de comunión nos impele a transmitir a otros la calidad y la fuerza de nuestra experiencia, y desearíamos convencerlos de que se abrieran a ella."
Eso es lo que intento cuando escribo estas líneas.
martes, 2 de noviembre de 2010
Biblioteca de Cuerdas y Nudos
He tenido la suerte de entrar en la única biblioteca de cuerdas y nudos del mundo, que es a la vez la segunda biblioteca del mundo de manuscritos inéditos y, de nuevo, la única biblioteca de manuscritos encontrados en la basura.
Esta Biblioteca de Cuerdas y Nudos, además, se mueve. Yo la encontré en Valencia, y sé que ha estado en Viseu, Evora, Pombal, Beja, Lisboa, Londres, Milán, Anvers, Madrid, Castellón...
Antes de entrar ves una valla de tablas de madera. Entre las rendijas de las tablas, o por las mirillas que te dicen que hay y que buscas (están a la altura de los ojos de un niño, de una niña), puedes atisbar el interior. Luego entras, estás un espacio circular. Te piden que mires y que escojas un objeto que te llame la atención para preguntar sobre él. Así, primero con un diálogo silencioso y posteriormente siguiendo el hilo de las palabras de José Antonio Portillo, descubres que todo lo que hay a tu alrededor tiene una historia, significa. Los objetos primero han hablado con nosotros con el lenguaje de las cosas. Vemos en ellos el tiempo que pasa, imaginamos las manos que les dieron forma o los colocaron en los estantes, vemos una intención de belleza, armonía, sentimos que nos acogen, que quieren ser preguntados. Están ahí para decirnos algo. Recuperas la tentación infantil de tocarlo todo. No quieres solo ver. Luego, lo que cuenta José Antonio llena de significado cada cosa y así cada cosa es una invitación a imaginar, a descubrir, a recordar. Es la unión de lo que vemos y sentimos en ese espacio con lo que se narra, lo que produce el goce estético y aun más, la experiencia. Tenemos la sensación de ser acogidos en un lugar donde todo tiene sentido, donde lo más sencillo cuenta. De repente, todo habla. Todo nos habla. Todo nos dice: mírame. Todo nos ruega: no me desprecies. Y hay que atender la súplica de una bolita de papel arrugado y mirar lo que no siempre miramos. Cuesta trabajo salir de esta biblioteca especial, donde se rescatan del olvido las historias mínimas de las que está hecha la vida.
¿Por qué hablar acerca de esta biblioteca singular, acerca de esta instalación? Seduce el espacio, seducen las cosas, seduce el narrador. Pero eso, con ser placentero, no es lo único que sucede. Hay historias que emocionan, juegos de complicidad que me hacen recordar mi infancia, cuando vivía en un mundo en el que las cosas latían, estaban vivas. Pero tampoco es eso. Todavía no lo sé realmente. Pero necesito hablar de ello. Sé que hay una invitación que yo he aceptado.
martes, 19 de octubre de 2010
Lejos

El martes 26 de octubre presento en Contaria, la feria de teatro para niños y niñas de Valencia, Lejos, la obra con la que gané el premio SGAE de Teatro Infantil y Juvenil 2009. ¿Cómo se presenta un libro que has escrito? Lo averiguaré pronto. La semana pasada recibí el libro en casa y, por lo pronto, mi mayor ocupación al respecto es regalarlo a las amigas y los amigos. En la web de Anaya se puede encontrar información sobre él. Yo ahora mismo solo puedo verlo como una madre ve a su bebé: me parece guapísimo.
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