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domingo, 21 de septiembre de 2014

De cine y teatro

Mi gran obra
Esta semana he visto una película y una obra de teatro que me han encantado: "Boyhood" y "Mi gran obra". Los dos, proyectos enormes, realizados por soñadores y se atreven a hacer realidad sus sueños.
En "Boyhood", Richard Linklater deja que el tiempo transcurra, doce años, sobre actores y personajes, y rueda una historia sobre el transcurrir de la vida en los momentos que son puro inicio. Vamos conociendo a los personajes y sintiendo la mano del tiempo. El sentido aparece por acumulación de instantes, todo se va volviendo poco a poco más denso y entonces aparece el relámpago: Percibimos en un instante algo de sentido, que luego se escurre, como pasa en la vida.
Esta es la tercera vez que "Mi gran obra", de David Espinosa, llega a Madrid y por fin he podido verla. La espera ha valido la pena. ¡Cuánta belleza! Una pieza sugerente, llena de poesía, en la que la acumulación de imágenes (sí, otra vez la acumulación), lo nuevo que entra en escena, produce sentido, dando dinamismo y teatralidad a la propuesta de juego. Un trabajo delicado, exigente y rico, que apetece ver otra vez, nada más acabar. El principio y el final, deslumbrantes.
Acaba bien el verano, empieza bien el otoño.

miércoles, 16 de julio de 2014

en un paseo de verano

Rumor del río Aso, lo encontré en el Cañón de Añisclo.
"Mi río corre hacia ti,
Mar azul! Me acogerás?" dice Emily Dickinson
En los paseos de verano se encuentran a veces píldoras para las melancolías del otoño.

lunes, 30 de junio de 2014

Una mirada diferente

Este fin de semana acabó "Una mirada diferente". Por segundo año he disfrutado de espectáculos estimulantes, que me han hecho pensar, me han emocionado y me han hecho ver el mundo como un lugar más grande, más hermoso, más complejo de lo que soy capaz de ver sola.

Hablando por teléfono de esto y de aquello, en la conversación aparece Diane Arbus. Acudo a la biografía de ella escrita por Patricia Bosworth (editada magníficamente por Lumen) y encuentro que Arbus leyó Ingleses excéntricos de Edith Sitwell, que pensaba que la contemplación de excéntricos era una cura para la melancolía. Quizá haya algo de eso en la seducción que sobre mí ejercen los trabajos que he visto en "Una mirada diferente". Pero sobre todo, lo que encuentro es una invitación.

Libertad, alegría, misterio. Lo inquietante, lo desconocido, lo orgiástico. Vértigos extraños, mundos en los que abismarse. Antes del festival no hubiera usado estas palabras para hablar de las discapacidades, ahora sí. Ahora he recibido una invitación que debo aceptar o rehusar. "Una mirada diferente" abre una puerta (tal vez más de una) y yo, simplemente, quiero saber qué hay al otro lado.    

lunes, 23 de junio de 2014

The freak and the show girl

Ayer disfruté de una función que rompe tópicos, de la que me resulta difícil hablar salvo para contar la alegría enorme con la que salí del teatro, el maravilloso ejercicio de libertad que es. El escenario de la sala Francisco Nieva fue ayer un lugar de libertad, de juego, de transgresión. "Vais a sentir incomodidad", nos dijeron, y sí. Pero también sentimos más cosas. "The freak and the show girl" es un espectáculo luminoso en un festival luminoso también. Gracias a Una mirada diferente, un festival sorprendente y necesario, sale una del teatro sabiendo que el mundo es un lugar más bello y grande de lo que a ratos parece. ¡Come to the cabaret!
 

miércoles, 28 de mayo de 2014

El triángulo azul. Constelaciones.

La semana pasada vi dos obras de teatro. Ambas me fascinaron. La primera, El triángulo azul de Laila Ripoll y Mariano Llorente ya no está en cartel, la segunda Constelaciones de Nick Payne, sigue en Kubik Fabrik hasta el 31 de mayo.
Salí de El triángulo azul conmovida, supe que me habían contado una historia importante que era necesario contar. En Constelaciones asistí al soberbio trabajo de interpretación de Inma Cuesta. Narrativas y poéticas diferentes, producciones de diferente tamaño, en ambos casos, simplemente, teatro. Y cuando el teatro funciona, cuando es, sucede lo que me sucedió a mi:  las historias quedan dentro, desde ahora forman parte de eso que llamo yo.
En estos días pienso bastante en la utilidad o inutilidad del arte. Nunca me ha molestado su inutilidad. La vida está llena de maravillas que no son útiles sin las cuales, sin embargo, no vale la pena vivir. ¿Para qué vivir si no se es capaz de reír, disfrutar de la belleza de las nubes, o gozar con el espectáculo cada día renovado del movimiento de la gente en la ciudad? Digo esto y podría decir cualquier otra cosa: hoy, avanzan hacia mi ventana las nubes y en un paseo mañanero me ha sorprendido la ciudad. Pero en El triángulo azul hay más que el misterio de la necesidad de lo inútil: el arte se revela como una forma de conocimiento. Sé que tardaré un tiempo en poner en su sitio todo lo que removió la obra, pero sé también que no volveré a mirar del mismo modo algunas cosas.
Inma Cuevas atrapa mi atención como si tuviera un imán, yo la sigo, sigo lo que me cuentan a través de ella, de su personaje. Me conmuevo con ella y entro en un mundo ajeno, que sin embargo, me acompaña. Cuando salgo de ver Constelaciones estoy menos sola ante el miedo y las adversidades.
Mucho más de lo que pensamos, aprendemos y vivimos imitando. Recomiendo lo que me gusta por eso. Querría algunas veces que todo el mundo viera maravillas que yo he visto: para  imitar lo mejor que hay en el ser humano.

jueves, 15 de mayo de 2014

rumor del Arlanza

Robert Burton en su "Anatomía de la melancolía" dice que si la melancolía procede de la flema los afectados son muy dados a llorar. Cuenta que se deleitan con cursos de agua, sueñan con ella e incluso que corren el peligro de ahogarse. Uno de estos melancólicos flemáticos pensaba que era un tonel de vino y hasta hubo un sienés con miedo a orinar por temor a inundar la ciudad.  ¡Hay tantos tipos de melancólicos! Los hay que ríen sin parar o que hacen versos versos en latín con eclipse de luna. Otros son como el panadero de Ferrara que creía estar hecho de mantequilla y no se sentaba al sol por miedo a derretirse. Un tal Senecio no podía soportar las cosas pequeñas, una melancólica de Tralles suponía que podía sacudir el mundo con un dedo y un abogado de París se creía muerto. Si realmente la fluvioterapia calma a todos, ¿qué río o pedacito de curso podría aliviar su dolencia? Yo voy probando, probando y cada vez que en un paseo encuentro un rumor de río que me parece hermoso, lo grabo para esta botica rumorosa que, en mi caso, tiene efectos preventivos. Tanto los paseos como las grabaciones son algo así como píldoras que alejan la tristeza. Y si alguna vez caigo, aquí están, aguardando para curarme.

Este rumor es del río Arlanza a su paso por Covarrubias.