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sábado, 27 de abril de 2013

Un ginkgo biloba en el diciembre de Vitoria, un paseo de noviembre, un rumor de río de Zaragoza un día soleado de este abril, y ahora, vagones pintados en la estación por la que no pasa ningún tren de Oaxaca.
Fotos que he tomado, o grabaciones, y no he colgado en este diario de encuentros, de asombros cotidianos.
Nuevamente de viaje, tengo un rato de soledad en el hotel y no pienso en nada, o en casi nada. No puedo vaciar por completo la mente de pensamientos. Leo, y encuentro en el Quijote este comentario de Sancho "tal vez hay que se busca una cosa y se halla otra". ¿Qué encontraré que no espero en este viaje? Un árbol, un paseo, un rumor...

sábado, 15 de septiembre de 2012

Hoy es 15 de septiembre. Estoy lejos de Madrid. Si estuviera allá, saldría a la calle. En la distancia, el Cósimo de Italo Calvino me habla.

"las asociaciones hacen al hombre más fuerte y ponen de relieve las mejores dotes de cada persona, y dan una satisfacción que raramente se consigue permaneciendo por cuenta propia: ver cuánta gente honesta y esforzada y capaz hay, por la que vale la pena querer cosas buenas (mientras que viviendo por cuenta propia sucede más bien lo contrario: se ve la otra cara de la gente, aquella por la que es necesario tener siempre la mano en la espada)."
El barón rampante

Vale.

domingo, 29 de julio de 2012

domingo, 15 de julio de 2012

Mudanzas

Extraña cosa los cambios, las mudanzas, aunque sean temporales. Estoy aquí, en Bogotá, trabajando. He llegado a esta ciudad hace tres semanas. Comienzo a orientarme en ella, ya he caminado por algunas de sus calles, montado en taxi y busetas, ido al teatro cuatro veces (a cuatro salas diferentes), una vez al cine, entrado en una librería, una biblioteca, un museo, una perfumería, un supermercado, una oficina de correos, una universidad... Cambian los nombres de las cosas, como frutas de sabores desconocidos, son diferentes las marcas de los productos que consumo, no reconozco los rostros con los que me cruzo en la calle. Me han salido al paso dos aprendices de funambulistas (una en un parque y otro en una plaza) y una mujer con maquillaje de clown que hablaba sola por la calle. He visto paraguas amarillos como el de Madlenka. He dado la mano a un cantante lírico. Me ha empapado la lluvia. He visto un arcoiris pequeño y gordito tenderse como un puente entre dos ventanas de aceras opuestas. Conozco gente nueva, hago nuevos amigos y amigas. Y así, imagino, casi sin darme cuenta, no sólo he cambiado de ciudad sino que yo misma voy cambiando.

miércoles, 6 de junio de 2012

Arqueología

En estos días andaba yo dándole la vueltas a esto de soñar. Y me vino a la memoria, como a veces llegan las cosas, -que a ratos siento mi memoria como un mar donde de vez en cuando aparecen flotando cosas, imágenes, palabras, gente...-, pues, como iba diciendo, llegó flotando "Arqueología", un bellísimo libro de Antonio Santos. ¿Por qué aparecen unas cosas y no otras? ¿Por qué "Arqueología"? A lo mejor porque yo de pequeña quería ser arqueóloga, o a lo mejor porque es un libro que habla de soñar y de cómo viven nuestros sueños una vida independiente de la nuestra. Sea como sea, aquí tenéis el booktrailer.
Y si queréis asomaros a otro sueño, pasead por el catálogo de El jinete azul, una editorial con una cuidada selección de obras que merece la pena conocer.

viernes, 18 de mayo de 2012

rumor de mar


Si los rumores de río son buenos contra la melancolía, ¿tendrán alguna virtud terapéutica los rumores de mar? Dice Cunqueiro que los pilotos árabes dirigían sus naves de oído. El mar suena, canta, y en ningún lugar su canto es igual. Cada mar tiene su voz. Dice también don Álvaro que los pilotos ancianos guardaban en sus oídos todo lo que habían escuchado en la mar, y que bastaba con que un aprendiz, un aspirante a piloto del Califa, acercara su oreja izquierda a la derecha del anciano, para que escuchara la mar, pero no como en las caracolas, sino el mar que el piloto maestro quería que el novato aprendiera. Me gustaría tener oído de piloto árabe. Traería a mi memoria el mar cada vez que quisiera. Y cada vez uno distinto. En las noches de insomnio, por ejemplo, el mar de mi infancia, que es el de Canarias, el océano Atlántico.
Aquí dejo un pedacito de rumor Atlántico. Paseaba yo hace dos días por Arinaga, en Gran Canaria, y decidí llevarme conmigo un poquito de mar para intentar paliar en Madrid su ausencia. Porque no soy piloto del Califa tuve que usar una memoria electrónica.
Caminar con el océano al lado es un enorme placer. Se llenan los ojos de horizonte y de azules. ¿Cuántos azules cabrán en el mar?

martes, 1 de mayo de 2012

Simple y llanamente soy un tipo con suerte

Ayer, gracias al estupendo programa de Radio3 Carne cruda me enteré de que fue el día internacional del jazz. Javier Gallego nos recordó que el jazz es esa música que nos dice que, a pesar de todo, la vida vale la pena. Este delicioso blues de Louis Amstrong sonó. Satchmo canta con su voz rasposa y sonriente. Nos cuenta que es, simple y llanamente, un tipo con suerte.
Tener suerte o no tenerla ¿qué significa? Estamos en manos del azar más de lo que nos gusta reconocer. Y el azar no tiene siempre manos amables. Pero, a veces, cuenta más la decisión íntima, personal, de vivir como si la suerte viniera de cara y mirar lo que hay de bueno, de hermoso, de alegre, y darle espacio y cuidarlo y hacerlo crecer...